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En presencia de unas obras de un dramatismo tan punxante, se podría creer que Gassó Grau se complace en el género “negro”, y es todo lo contrario, porque nuestro hombrees un romántico y un tierno, y en sus fotografías se transparenta la inmensa piedad que él siente por los seres desvalidos que descubre a la ventura de sus correrías. Por lo demás, Gassó no se acantona en un género determinado, y de Colonia, a donde se trasladó para visitar la última Bienal Photokina, trajo una serie de fotos que son delicados poemas de luces y de sombras. Uno se admira, al contemplarlas, de esos grises o de eses contrastes francos, de esos chales de bruma, de esos reflejos sedosos que, entre la frondosidad tiernamente entibiada de los árboles, envuelven los mil puentes de la ciudad alemana.

La biografía de Ernesto M. Gassó Grau es breve. Nació en Santa Coloma de Queralt (Tarragona) y se dedicó primero al dibujo y a la pintura. No es extraño, pues, que sus fotografías se distingan por el valor plástico que les comunica belleza y por el valor expresivo que le da sentido. Actualmente, ocupa un cargo directivo en la Agrupación Fotográfica de Cataluña. Gassó no es amiga de participar en concursos y la primera vez que toma parte en uno importante, el NEGTOR, obtiene el primer premio. Lo cual no es grano de anís. Este certamen es el de mayor entidad que se convoca en España, y cuyo Jurado internacional está compuesto de destacadas personalidades dentro del campo de la fotografía europea. Concurrieron unas dos mil obras, que fueron expuestas a principios de año en las Galerías Grifé y Escoda. La fotografía galardonada de Gassó ha sido publicada con todos los honores en “Fotopost”, la principal revista alemana de arte fotográfico.

ENTREVISTA REVISTA “DESTINO”

-El arte español se ha situado sólidamente en el mundo entero—afirma Gassó—. Nuevos valores se asoman constantemente al exterior pregonando el sentir poético de toda una raza. La literatura, la pintura y la escultura españolas cosechan laureles por doquier. ¿Por qué en el campo de la fotografía no podemos hacer lo mismo?

Grau Gassó rehúye la solemnidad de la frase, y más que nada las declaracions transcendentales. Su voz es clara y su palabra precisa, y a sus ojos vivaces la agilidad del entendimiento.

Todos cuantos vagamos con una máquina a cuestas por estos andurriales—continúa diciendo Gassó—contraemos una obligación: la de procurar elevar el nivel de la fotografía española a la altura que nuestras artes plásticas has alcanzado en el mundo. No basta con ganar concursos, obtener medallas y premios en metálico, e incluso lograr que de tarde en tarde nos cuelguen una obra en un Salón Internacional. Porque, actualmente, la fotografía española cuenta bien pocos en los ámbitos mundiales. Estamos viviendo del crédito que nuestros “pigmentarios” han ganado merced a un gran esfuerzo que ha de maravillarnos y, a excepción de los Campaná, los Pla, los Janini, los Ortiz Echagüe, los Carbonell y otros que practican o han practicado el positivado de intervención, los demás, los “modernos”, contamos muy poco.

¿Que se ha de hacer, a su entender, para salir de este atolladero?

Es absolutamente indispensable que se despierte una auténtica conciencia fotográfica nacional, y que todos contribuyamos a crear una fotografía distinta, que nos distinga de los demás. En cualquier exposición internacional, resulta fácil, sin necesidad de leer el catálogo, conocer la mayor parte de la  nacionalidad de las fotografías exhibidas. Nosotros, por lo contrario, no hemos intentado crear un estilo propio. Hemos ido a remolque de las tendencias extranjeras, copiando, con mayor o menor fortuna, lo que hemos visto en exposiciones internacionales y revistas. Hemos hecho lo mismo que las abejas que van cogiendo el néctar de cada flor. En nuestro deambular hemos extraído lo que nos ha parecido excelente de cada estilo fotográfico, y el resultado no ha sido el obtenido por la abeja, no hemos obtenido dulce miel, sino que hemos ahogado nuestra propia personalidad fotográfica, disimulándola tras la máscara de un universalismo que no gusta ni a propios ni a extraños.

Así, pues, ¿qué características ha de tener la fotografía española?

Hemos de hacer “nuestra fotografía”, la que nos define como pueblo, la que albergue toda la vitalidad y toda la poesía de nuestra raza, la que exalte la laboriosidad catalana, la reciedumbre castellana, la alegría levantina, nuestras costumbres, todo lo nuestro. Hemos de poner en cada obra que mandamos al extranjero un pedazo de nuestra tierra, de nuestro sol, de nosotros mismos. Si enviamos a concursos y certámenes internacionales unas obras que no son más que copias de lo que hemos visto en anuarios extranjeros, difícilmente seremos tenidos en cuenta.

Parece deducirse de lo que acaba de decir, que usted no es partidario de la fotografía que se desvía de la Naturaleza, ¿no?

No comprendo la fotografía no figurativa. Confieso que soy incapaz de sentir una emoción auténtica ante una fotografía vaga, cuya única finalidad es la decoración. Sé de sobras que en las artes plásticas tiene más importancia la creación que el oficio, el cerebro que las manos, y que la fotografía, al igual que las demás artes, batalla de continuo por hallar nuevas formas de expresión. Pero la abstracción y la no figuración, en un lenguaje donde la imagen lo es todo, son, en mi modesta opinión, una absurdidad.

¿Podría decirme, por último, y con arreglo a sus preferencias, cuales son los fotógrafos españoles más dignos de admiración?

Siento una gran admiración por nuestros “pigmentarios”, quienes, en su época, e incluso en la actual, han conseguido los únicos laureles que la fotografía española ha logrado por estos mundos. Situaría por encima de todos a Don José Ortiz Echagüe, reconocido mundialmente como un gran artista. Los “modernos” estamos muy por debajo del nivel alcanzado por las naciones fotográficamente más avanzadas: Alemania, Estados Unidos, Hungría, Francia, etc. En Colonia, visitando la última Photokina, vi una gran exposición de la juventud alemana, cuyas obras, a pesar de la corta edad de los participantes, a lo sumo veintiún años, eran en conjunto muy superiores a la mayoría de las que se exhiben en nuestros Salones.

MYLOS

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