Quan no tens clar quina lectura escollir, Zoixenko sempre és una opció agradable. 

zoschenko_mijail

Esto sucedió en un vagón de tercera de un tren moscovita.

A cierto ciudadano gordinflón, al cortar una rebanada de pan de una barra, se le cayó el cuchillo.

La vecina del ciudadano gordinflón preguntó curiosa:

–¿Qué se le ha caído, buen hombre, un cuchillo o un tenedor?

–Un cuchillo—respondió sin muchas ganas el ciudadano mientras palpaba con la mano el suelo.

–Le visitará un hombre—dijo la ciudadana—. Si se le ha caído un cuchillo, será un hombre…

Mi vecino, un tipo con los pies envueltos en unos peales verdes y un saco a la espalda, de pronto se indignó. Incluso se puso negro de rabia.

–Ciudadana, ¿no le da vergüenza decir semejantes barbaridades?—dijo—. Parece increíble que en pleno siglo veinte alguien tenga estos perjuicios y supersticiones.

La ciudadana miró asustada a mi vecina.

–Es lo que dicen—replicó—. Si es un cuchillo, seguro que entonces viene un hombre, y en siendo un tenedor, seguro que es una dama… Yo no digo nada, camarada… Eso es lo que dicen…

Mi vecino lanzó un risa burlona.

–¡Ahí lo tiene!—dijo—. ¿Qué le parece? En la calle la electrificación avanza a toda máquina, y aquí te sueltan estas memeces.

El hombre se quedó un instante callado, pero luego intervino de nuevo, dirigiéndose más a mí, aunque de manera que todos los presentes lo escucharan:

–Así es, camarada, la electrificación avanza por doquier, en nuestro entorno dios sabe qué grandísimas ideas se producen, a nuestro alrededor triunfa la lucha contra la religión, y sin embargo, al mismo tiempo, fíjese bien, lo que prima es la más completa ignorancia y los prejuicios pequeñoburgueses.

–Pero no siempre es así—repuse.

–No por eso me siento mejor—respondió huraño el vecino—. Yo, puede que por esta misma razón me haya separado de mi esposa, amigo mío.

–¿Qué me dice?

–Pues lo que oye—me contestó—. Aunque no soy miembro del partido, se lo digo de verdad, no puedo vivir con una pequeñaburguesa. Y puede que haya vivido seis años con ella, amigo mío, pero ahora ya no puedo. Porque los tiempos son otros… Y eso que se lo pedí por las buenas a la muy vil criatura: déjate, le digo, de bromas, Katerina; deja ya le digo por las buenas, tus prejuicios y supersticiones burguesas. Pues no. Si se te cae un cuchillo, vendrá un hombre, ya ve; y si te encuentras a un pope, buena te espera, te dirá; y si tienes hipo, vaya, también es mala señal… ¡Maldita sea su estampa!

–¿No me diga que se ha divorciado por eso?

–Se lo juro—dijo el vecino—; por eso y porque, en general, empezó a conducirse de manera algo ligera. Se lo pedí por las buenas. ¿Qué no quiere? Pues nada. Lo que soy yo, no puedo vivir con una idiota… Y ahora me voy a Moscú. Y si en Moscú encuentro, por ejemplo, una ciudadana correcta, de verdad, sin prejuicios, me caso sin falta con ella. Aunque dudo mucho que la encuentre. Lo dudo mucho…

El vecino calló, se lió un pitillo y lo encendió.

Luego lanzó un leve hipido y comentó:

–Alguien se acuerda de mí…

–Es tu mujer, de la que te has divorciado, la que se ha acordado de ti, seguro—intervino compasiva la ciudadana—. ¿Cómo le irán, ahora, a la pobre, las cosas?….

–Todo es posible. Puede que sea ella la que se acuerda de mí. Pero, de todos mismos, ella tiene la culpa, la muy burra—contestó el ciudadano tras escupir en el suelo.

Mikhail Zoixenko, 1924

Traducció de Ricard San Vicente

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