Etgar Keret és un dels grans descobriments literaris que he fet darrerament. “Los siete años de abundancia” és un recull de sis contes curts sobre els primers set anys de vida del seu fill Lev. La seva lectura ha estat de bon humor, i només per això ja mereix la mena. Keret també ha destacat com una de les veus més compromeses per la pau al Pròxim Orient. A “Núvol, el digital de cultura”, podeu llegir uns quants dels seus articles al respecte. 

Etgar-Keret

De veras que admiro a los operadores de telemarketing considerados, que te escuchan y tratan de captar tu estado de ánimo sin forzarte a entrablar un diálogo cuando te llaman. Por eso, cuando Devora, de YES, la compañía de televisión por satélite, me llama y me pregunta si esun buen momento para hablar, lo primero que hago es darle las gracias por su consideración. Entonces, digo educadamente que no, que no es un buen momento.

–Es que justo hace un minut me he caído en un hoyo y me he dado un golpe en la frente y me he hecho daño en un pie; así que no es el momento ideal—le explico

–Lo comprendo—dice Devora—¿Y cuándo cree que será un buen momento para hablar? ¿Dentro de una hora?

–No estoy seguro. Debo de haberme roto el tobillo al caer y el hoyo es bastante profundo; no creo que sea capaz de salir de aquí sin ayuda. Depende mucho de la rapidezcon la que llegue el equipo de rescate, y de si tienen que escayolarme el pie o no.

–Entonces, ¿mejor llamo mañana?–sugiere, sin inmutarse.

–Sí–gimo–. Mañana suena genial.

Cuelgo.

–¿A qué viene todo eso del hoyo?–Mi mujer, a mi lado en el taxi, me regaña al oír mis tácticas evasivas. Es la primera vez que salimos y dejamos a nuestro hijo Lev con mi madre, así que está un poquito de los nervios—. ¿Por qué no puedeslimitarte a decir: “Gracias, pero no me interesa comprar, alquilar o tomar prestado lo que sea que usted venda, así que, por favor, no vuelva a llamarme en lo que e queda de vida y, si es posible, tampoco en la siguiente?” Luego haces una pequeña pausa y dices. “Que tenga un buen día”. Y cuelgas, como todo el mundo.

No creo que todo el mundo sea tan estricto y desagradable con Devora y las de su calaña como mi mujer, pero debo admitir que tiene algo de razón. En Oriente Próximo, la gente siente la proximidad de la muerte más que en otras zonas del planeta, lo que provoca que la mayoría de la población desarrolle tendencias agresivas hacia los extraños que intentan hacerle perder el poco tiempo que le queda sobre la faz de la tierra. Y aunque yo protejo mi tiempo con el mismo celo, tengo un verdadero problema con decirle por teléfono que no a los extraños. No tengo ningún inconveniente en librarme de los vendedores del mercadillo o en decirle por teléfono que no a alguien que conozco y que me ofrece algo. Pero la impía combinación deuna petición telefónica y un extraño me paraliza y, en menos de un segundo, me imagino la cara llena de cicatrices de la persona al otro lado de la línea, que ha llevado una vida de sufrimiento y humillación. Y lo visualizo de pie en el alféizar de la ventana del piso 42 de su oficina, hablándolme desede un teléfono inálambrico con voz tranquila, aunque él ya ha tomado una decisión: “¡Como otro gilipollas me diga que no, salto!” Y cuando se trata de decidir entre la vida deuna persona o que me conecten al canal “Modelar globos: diversión asegurada para toda la familia por solo 9’99 shékels al mes”, elijo la vida, o al menos es lo que hacía hasta que mi mujer y mi asesor financiero me rogaron educadamente que dejara de hacerlo.

Y fue entonces cuando empecé a elaborar la “Estrategia de la abuelita”, que invoca a una mujer para la que he organiado docenas de entierros virtuales con el objetivo de escaparme de conversaciones fútiles. Pero, puesto que para Devora, de la empresa de televisión por satélite, ya había cavado un hoyo en el que me haía caído, por esta vez podría dejar a la abuelita Shoshana descansar en paz.

–Buenos días, señor Keret—dice Devora al día siguiente—. Espero pillarle en mejor momento

–La verdad es que ha habido algunas complicaciones con mi pie—mascullo—. No sé como, pero se ha gangreado. Y están a punto de amputarme.

–Sólo nos llevará un minuto—insiste, resuelta.

–Lo siento. Ya me han administrado la anestesia y el médico me está haciendo señas para que apague el móvil. Dice que no está estirilizado.

–Pues lo intentaré mañana—dice Devora—. Buena surte con la amputación.

La mayoría de los operadores de telemarketing se rinden respués de la primera llamada. Los encuestadores telefónicos y los vendedores de paquetes de navegación por internet, a veces, prueban una segunda vez. Pero Dvora, de la compañía de televisión por satélite, es diferente.

–Hola, señor Keret—dice cuando cojo la siguiente llamada, desprevenido—. ¿Cómo está?–Y, antes de que pueda responder, continúa–: Puesto quesu nuevo estado probablemente no le permitirá salir de casa, he pensado que podría ofrecerle nuestro paquete Deporte Extremo. Cuatro canales que incluyen todos los deportes extremos que existen en el mundo, desde el campeonato mundial de lanzamiento de enanos hasta los partidos de comer cristal australianos.

–¿Buscaba a Etgar?–susurro

–Sí–dice Devora

–Ha fallecido—Hago una pausa antes de continuar en un susurro–: Una tragedia. Un estudiante de medicina lo remató en la mesa de operaciones. Estamos pensando en demandarlo.

–Y, entonces, ¿con quién hablo?–pregunta Devora

–Con Michael, su hermano pequeño—improviso—. Pero ahora no puedo hablar, estoy en el funeral.

–Le acompaño en el sentimiento—dice Devora con voz temblorosa—. No llegué a hablar mucho con él, pero parecía una persona encantadora

–Gracias–Sigo susurrando–: Tengo que colgar. Es el momento de rezar el Kadish

–Por supuesto—dice Devora—Llamaré más tarde. Tengo una oferta de luto que es perfecta para usted

Etgar Keret, Los siete años de abundancia

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