Pelegrí Pomés Miquel (Santa Coloma de Queralt, 1828–Balneari de Cardó, 1894). Diputat progressista durant el bienni 1854-56 i membre de l’Ajuntament de Barcelona (president per Francesc Soler Matas) durant el Sexenni Democràtic. 

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30 NOVEMBRE 1854

Señores, acabamos de pasar por una revolución, y esa revolución uno de los principales capitales que ha proclamado es la moralidad; moralidad que no ha de ser una palabra hueca y sonora, sino una realidad. Nosotros hemos visto, señores, en estos últimos tiempos que al país se le exigían sacrificios de immensa consideración; se le imponían gabelas extraordinarias que le ocasiaban un malestar profundo, y los pueblos comparaban esta situación pasada con otra más bonancible que por fortuna la Nación española había experimentado bajo la administración de un personaje ilustre. Yo creo, señores, que las cuestiones económicas, que las cuestiones administrativas, están íntimamente relacionadas con las cuestiones políticas. Son, no obstante, las que proporcionan, sobre todas las demás, beneficios a los pueblos.

Además, señores, es necesario también procurar hacer grandes economías, y sobre todo que se rebajen sueldos de grandísima consideración; sueldos que representan un capital considerable, inmenso, cuando vemos que desgraciadamente la propiedad y el comercio no tienen aquella significación, ni aquella prosperidad que solían tener en otras épocas más bonancibles.

Además, señores, prescindiendo de todas estas circumstancias, nosotros queremos que sea una verdad un principio que se ha consignado en todas las Constituciones que hemos tenido, un principio que está consignado en la Constitución de todos los países, un principio que está consignado , no ya en todas las Constituciones, sino hasta en el corazón del hombre; que contribuyamos todos, a proporción de nuestros haberes, al sosten de las cargas del Estado. Todos sabemos que con las leyes que han regido hasta aquí no han pagado solo las contribuciones los que tenían fortuna, sino que la mayor parte han pesado sobre el pobre, sobre el desgraciado. Preciso es ya, señores, que desaparezcan esas injusticias monstruosas; preciso que en adelante se practique la verdadera igualdad, tanto en las instituciones económicas como en las políticas y administrativas. Por esto los que hemos tenido el honor de firmar esta proposición hemos creído que antes de decidir las cuestiones políticas debían discutirse estás que son las que afectan más directamente la fortuna pública; y los tiempos que atravesamos son de positivismo. Por estas razones me permito rogar a la Asamblea que tome en consideración y acoja con benevolencia esta proposición.

1 DESEMBRE 1854

Señor Pomés. La impunidad de los crímenes es un fatal precedente. Hasta ahora hemos visto que desgraciadamente en España ha habido responsabilidad para los infelices, para los desvalidos, y ninguna para los hombres que se han sentado en estos bancos y han podido disponer de una mayoría, por medio de la cual han jugado con los destinos de la Nación.

Señores, desde 1843 hemos visto que se han perpetrado en España escándalos inauditos, injusticias; que no se ha respetado nada, absolutamente nada. Se ha atentado contra la seguridad individual, que es la primera garantía de la sociedad civil; se ha visto a los hombres sin formación de causa, víctimas de su lealtad y patriotismo, ser conducidos a las cárceles, llevados a los presidios, atravesar el Atlántico y llegar a los confines de la tierra. Además, señores, hemos visto que no han sido esas persecuciones tan solo individuales, sino que han comprendido a todo un partido. Administraciones ilegales, tiránicas, violentas, han lanzado su anatema sobre hombres que no tenían más delito que el de combatir con energía aquella situación ilegal; pero los excesos no se dirigieron solo contra las personas, porque es sabido que cuando empiezan a conculcarse las leyes, a todo se atenta; se atenta a la imprenta, se atenta al derecho de reunión, se atenta a todos los principios consignados en las Constituciones políticas, y por eso dije ayer que muchas son las Constituciones que he visto y ninguna se ha cumplido.

Señores, la Nación tiene un gran interés en saber de qué manera se ha hecho ese déficit considerable, que se nos ha dicho en un documento oficial que pasaba los 600 miliones. Como contribuyente, y como yo todos los de mí país, y creo que todos los de España, hemos satisfecho rigorosamente las contribuciones que se nos exigían, contribuciones que no habían sido nunca votadas por las Cortes. Y cuando esto ha sucedido, cuando en nombre de la fuerza hemos visto que se no ha apremiado, que se ha lanzado sobre el país esa immensa falanje de hombres que vivían sobre él, que sólo pensaban en ser ricos, mientras la miseria era grande, y mientras el pobre propietario era apenas un arrendatario de sus cosas, la Nación española, por honra propia y de los sentimientos que más la caracterizan, por su misma dignidad, está en el caso de saber dónde se encuentran esos ladrones que decórandose con el título de Marqueses y de Condes han levantado su fortuna sobre las ruinas de la fortuna pública. Esto ha visto la Nación española, y por eso repito que tiene interés en que ya que ha llegado el día en que se haya enarbolado la bandera de la justicia, esa justicia alcance a todos, que sea igual, y que lance en el seno de los presidios a los que realmente hayan sido unos grandes criminales, a los que hayan robado el fruto de nuestros sudores y afanes.

Señores, si estas consideraciones no fueran bastantes para que los Sres. Diputados tomaran en consideración la proposición, entonces les presentaría una razón elevada de política. Muchas veces en el sistema representativo se ha dicho que la responsabilidad ministerial era una mentira, y mentira será si no hacemos un escarmiento severo, ejemplar, y no damos a las Naciones todas una muestra de que tenemos valor, dignidad e independencia para desenmascarar al criminal. Y cuidado, señores, que el ejemplo que se ha dado en elevadas regiones ha cundido entre los pueblos, y si defraudaciones ha habido en el Estado, defraudaciones se han cometido también en las provincias. Yo he sido diputado provincial y he visto reclamaciones de pueblos contracuentas que han sido falsificadas, de cuentas que demuestran claramente el robo, el despilfarro y desorden que reinaba en todas partes. Los presupuestos y cuentas municipales se presentaban, sí, pero se aprobaban y modificaban en recompensa de servicios prestados en las campañas electorales, y cuando, señores, había un hombre honrado e independiente que se presentaba a los tribunales de justicia a denunciar malversaciones de caudales, exacciones ilegítimas, robos y despilfarros, entonces el hombre honrado se veía despreciado, calumniado, se enemistaba con los mandarines de la situación, y muchas veces los Consejos provinciales vinieron a entorpecer la marcha de la administración de justicia y a cubrir con su manto al malvado y criminal.

Para que estos escandalos e injusticias no se repitan, hemos de dar grandes y severisimos ejemplos de imparcialidad y justicia; hemos de empezar por los altos funcionarios, por aquellos que ayer eran simples escribientes de una imprenta y hoy son Condes y tienen una fortuna colosal; es decir, a estos debe la inflexible espada de la ley.

En conclusión, debo decir a la Asamblea que la responsabilidad de los Ministros debe hacerse efectiva, no solo a los que robaron inmensos millones a la Nación, sino a los que mandaron y consintieron que el ciudadano pacífico y honrado y escudado con la ley fuese víctima de una órden absurda y arbitraria, y que sin formación de causa fuese llevado a una cárcel, después a un presidio, sufriendo toda clase de desventuras e infamias. Ruego, por lo tanto, a la Asamblea que se sirva tomar en consideración la proposición que he tenido el honor de presentar, reservándome otro día apoyarla con mayor copia de datos y razones si encuentra favorable acogida en el ánimo de los Sres. Diputados.

Pelegrí Pomés Miquel

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