Imre Kertész, Premi Nobel de Literatura l’any 2002, respon les preguntes que ell mateix formula. Una introspecció sense concessions molt recomanable a càrrec d’una de les ments més lúcides de la segona meitat del s. XX.

 

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Tú, por ejemplo, ¿crees en Dios?

No sabría que contestar, así, a la primera, pero da lo mismo. Porque el sentimiento religioso natural existe dentro de mí; al fin y al cabo, hay que agradecerle la vida a alguien, aunque da la casualidad de que no existe nadie que acepte nuestro agradecimiento.

 ¿Quieres decir que Auschwitz es la consecuencia lógica y funesta de…?

No, no quiero decir eso. Donde empieza Auschwitz, se acaba la lógica. Sin embargo, pasa a ocupar el primer plano un pensamiento obsesivo que se asemeja mucho a la lógica, puesto que lo conduce a uno por el camino, aunque no sea el de la lógica. Y ahora busco ese hilo, ese razonamiento del desequilibrio que hace que lo absurdo parezca necesariamente como una lógica, ya que no tenemos otra opción en la situación de trampa que es Auschwitz. Y la vida, de la que somos parte activa, nos ha adiestrado ya de antemano, por así decirlo, para esa forma de pensamiento.

Es decir, que a pesar de todo existe una explicación racional para aquello que entonces te parecía tan irracional

Hoy me parece igualmente irracional. Porque, aunque intentara admitir como racional todo cuanto me llevó a principios de invierno de 1945 a estar medio muerto en un charco helado sobre el hormigón de Buchenwald, seguiría sin considerar racional el hecho de que me salvaran precisamente a mí y no a otro. Si considerara esto racional, tendría que admitir també la noción de Providencia. Ahora bien, si la Providencia es racionalidad, ¿por qué no incluyó también a los seis millones de personas que murieron allí?

No te arredras ante las preguntas duras, como también demuestran tus libros. Pero ¿cómo puedes convivir con ellas?

Como un jugador. Me gusta apostar fuerte y estoy siempre preparado para perderlo todo. Ya que de todos modos hemos de morir, tenemos el derecho o, es más, la obligación de pensar con osadía.

Muchos califican de pesimista tu modo de pensar

No sé lo que significa eso. Eludir las preguntas últimas no es optimismo, sino cobardía. Lo entiendo, pero el hecho es que el optimista tiene que morir igual que el pesimista. O bien aceptamos la muerte ciegamente, o bien la afrontamos con claridad: en la práctica da lo mismo. Yo prefiero arrostrarla, ya que esto me significa una vida más plena y, en definitiva, más alegría. Soy, si te parece, un hedonista.

Y no un moralista

De ningún modo un moralista. La era de los grandes moralistas, la de Montaigne, la Rochefoucauld, etcétera, concluyó hace tiempo. Después de Auschwitz resulta superfluo emitir juicios sobre la naturaleza humana. Hoy en día, el camino de los moralistas conduce a los movimientos de masas, lo cual es más que problemático y, además, aburrido. Pero dejémoslos, que sigan creyendo que existe una dictadura justa, sin campos de exterminio, donde todo el mundo esté obligado a ser feliz. Para mí, la felicidad significa otra cosa, y ya está.

¿Y la verdad?

La verdad ya no es universal. Es un hecho grave, pero hay que ser consciente de él. Responder de nosotros mismos: es lo más difícil, y siempre lo ha sido. Ante ello, precisamente, huye el moralista. Nuestra época no es propicia para la conservación del individuo: nos resulta más fácil entregarnos a teorías sobre la salvación del mundo que aferrarnos a nuestra existencia propia, singular e irrepetible. Elegir nuestra propia verdad en vez de la verdad. Pero no abundemos en esto por el momento.

¿Cuál es tu opinión respecto a la famosa frase de Adorno de que “escribir poesía después de Auschwitz es bárbaro”?

No puedo imaginar que una mente como Adorno suponga que el arte renuncie a representar el trauma más grande del siglo XX. Por una parte, es cierto que el asesinato industrializado de millones de personas no puede servir de base para el placer estético, por así decirlo. Pero ¿hemos de considerar por eso una barbarie los poemas de Celan o de Miklós Radnóti? Es un chiste malo, y ya está. Y en lo que respecta al “placer” estético: ¿esperaría Adorno que esos grandes poetas escribieran malos poemas? Cuanta más vueltas le das a la desdichada frase, tanto más claro se ve un absurdo. Sin embargo, me parece realmente dañina por la tendencia que refleja: un elitismo interpretado de manera absurda que, además, también prolifera de otra forma. Se trata de reivindicar el derecho exclusivo al sufrimiento y, al mismo tiempo, expropiar el Holocausto. Y tal tendencia coincide de extraña manera con el punto de vista de los partidarios del “punto final”, de quienes se distancian del ámbito de experiencias de Auschwitz y desearían limitarlo a un estrecho grupo de personas; de quienes considerarían que, al morir los últimos supervivientes de los campos de concentración, la experiencia misma se convertiría en recuerdo muerto, en historia lejana.
(…)
Es decir, una simple cuestión política, a pesar de que no se trata de eso. Es esto precisamente lo que distingue el Holocausto (quedémonos ahora en esta denominación generalmente aceptada) de todos los otros genocidios. Yo sólo veo aquí un problema que es preciso resolver: ¿es la experiencia de los campos de concentración del siglo XX una cuestión universal o marginal?

“Si Auschwitz ha sido en vano, Dios se ha declarado en quiebra; y si hemos llevado a Dios a la quiebra, nunca entenderemos Auschwitz”

Pues sí, de esto se trata. No lo entenderemos nunca más

¿Por qué hemos llevado Dios a la quiebra?

Sí, porque el orden del mundo no ha cambiado después de Auschwitz

Mira, la pasión más aniquiladora del siglo XX es la renuncia al individuo y la acusación colectiva contra pueblos o grupos étnicos. Si ahora empezáramos a analizar hasta que punto yo, como judío, soy responsable de los actos de otro, simplemente porque él nació como judío, aceptaríamos esa forma de pensar y pasaríamos al mundo de las ideologías. De ser así, no sé de qué seguiríamos hablando. Ahora mismo tengo ya la sensación de estar dando demasiadas explicaciones.

 

Imre Kertész

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