Editorial de la Festa Major de l’any 1943! Una altra vegada es demostra que la frontera era l’humor i l’horror és molt fina. 

 

Todos los pueblos, igual que las naciones, aunque sean entitades morales, tienen un ser propio y singular semejante a las personas. Sus montes y bosques, sus valles y campos, sus ríos y caminos del contorno junto con los campanarios y azoteas del interior forman su cuerpo. El espíritu colectivo de los habitantes, a veces desparramado por las afueras, muchas veces recluído dentro de sus muros, formado por una serie de doctrinas imperantes del tiempo, dirigido por las autoridades y hombres de letras y conservado por las tradiciones de sus antepasados constituye su alma.

Los pinos y trigales están en los lugares por donde se trabaja, anda y respira. Las calles tortuosas, las plazas anchas, en nuestro siglo los cines y cafés, suelen ser los balcones por donde se asoman al exterior, el habla y el oído, la vista y el sentido común del alma que rige.

Los peñascales y las grutas alrededor del Gayá fueron ya en las épocas primitivas albergue para el hombre prehistórico de la comarca. Las sierras de Queralt, divisorias de las aguas del interior de Cataluña, sirvieron en la Reconquista de cumbre fluctuante entre la niebla y la luz, el Islam y la Marca Hispánica. No es extraño que más tarde pasara aquí por muchos años el judío hipócrita y confusionista del comercio del azafrán y de la usura.

Al llegar a nuestra edad, ante el progreso mecánico y químico extraordinarios, nuestra meseta se transforma. El hombre que había vivido antes a expensas de los clérigos, de los nobles y de los condes en construir las murallas y los bloques, inmensos del campanario y del castillo se emancipa. Marcha con sus arados y animales, abre los surcos de nuestras tierras pobres y grises, y nuestro suelo estepario y agreste queda convertido en escalonadas piezas de óptimos frutos. Los muros se desmoronan para dar paso al crecimiento de los brazos y de los pies de nuestra Villa. Pero, un cuerpo exuberante con un alma raquítica y de cortos horizontes sería un monstruo.

Las cuevas del habitante primitivo fueron santificadas a principios de nuestra era por el espíritu eremítico del Protomártir de la Brufagaña. Las sierras de Queralt y del Montclar fueron antaño espoleadas por el jinete San Miguel encima su caballo volador. La lucha de la luz y las tinieblas quedó zanjada definitivamente al doblarse las espadas del hijo de Carlomagno y del cristiano vencedor delante la palma de aquella doncella francesa Coloma, que amansaba leones y los osos antes de su martirio. Y las cotas de malla y los cascos de los Condes tenían buen descanso bajo los arcos del Convento de Belloch, y los rezos de los frailes mercedarios, mientras los cuerpos de les artesanos y los siervos yacían junto a los bronces y los santos Sacrificios de la Comunidad de la Iglesia Parroquial.

Un alma espiritual y católica, verdaderamente, vivificaba entonces nuestro cuerpo medieval. Como símbolo de esta Fe quieren los “Consellers” que nuestra fiesta principal, la Fiesta Mayor, se celebre en un tercer domingo para honor de Jesús Sacramentado, alma de toda alma.

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Agosto de 1943. Una nueva barbarie ha desolada en nuestros días estas tierras. El hacha tajante ha desplomado los altares y los ángeles y las vírgenes barrocas de los templos.

Cesaron los Sacrificios, enmudecieron los sacerdotes y marcharon como los israelitas con sus cítaras bajo los brazos a la cautividad de Babilonia. El cuerpo de nuestra Villa se vislumbra humeante y ennegrecido, como el de sus hijuelos, con lágrimas en sus ojos al contemplar sus propias heridas y su sangre. Las páginas de la tradición son arrancadas de sus libros. Las ovejas llevan en sus collares pedazos de metal que vibraba en los altos y las mujeres procaces lucen en sus vestidos ribetes de casullas. Pronto se reencaran con Santiago y San Pablo a la cabeza Vifredo el Velloso, conquistador de la Villa. D. Luís de Requesens y el de Queralt, triunfadores en Lepanto y gracias a su espíritu que es el que alienta a los cruzados del siglo XX apuntan, queman y se multiplican las hogueras en las montañas al alborear el año de gracia de 1939.

Después del temporal, vuelve el labrador a salir de su hogar con los aperos de labranza. Mientras escribo estas líneas trotan por las eras los caballos y las mulas. Quien dirige nuestro Estado, y por tanto también a nuestra Villa la justicia y el pan, la cridad y la paz. Postrados ante Dios el templo de recuerdo a catacumba, guardador de las cenizas de nuestros Mártires prometamos conservar el espíritu de Miguel, de Magín y de Coloma, de Requesens, de la casa de Queralt para entregarlo en testamento como luz a las manos de los que seguirán vivificando en la posteridad el cuerpo y el alma de nuestra Villa.

Reverendo Jaime Padró. 

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